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por Ser­gio Sau­va­lle Echa­va­rría y María Ester Gre­be Vicu­ña. Dic­cio­na­rio de la Músi­ca Espa­ño­la e His­pa­no­ame­ri­ca­na. 1999–2002.

Guitarra

Cor­dó­fono de seis órde­nes sim­ples, de caja armó­ni­ca pla­na y man­go inse­pa­ra­ble, cuya mor­fo­lo­gía gene­ral se enmar­ca den­tro de la gui­ta­rra con­tem­po­rá­nea, de uso y cono­ci­mien­to uni­ver­sa­les. Está en ple­na vigen­cia en los estra­tos doc­to, popu­lar y fol­cló­ri­co. Tra­di­cio­nal­men­te se cono­ce tam­bién con los nom­bres de cogo­té e yegüa y vigüe­la.

Aspectos históricos

En 1541 lle­gó un gui­ta­rris­ta a Chi­le con Pedro de Val­di­via. En el s. XVII la gui­ta­rra era ya patri­mo­nio del reper­to­rio popu­lar, com­par­tien­do esce­na­rios con la vihue­la y el arpa en los preám­bu­los de las repre­sen­ta­cio­nes tea­tra­les. Tam­bién par­ti­ci­pa­ba en los ofi­cios divi­nos en las igle­sias. En el s. XVIII comen­za­ron a fabri­car­se en el país y en 1789 exis­tía un gre­mio de gui­ta­rre­ros. Duran­te el s. XIX domi­nó el ámbi­to popu­lar y el de los salo­nes. En 1835 se men­cio­na como ins­tru­men­to de mayor vigen­cia en Chi­loé, con cua­tro y cin­co cuer­das y de uso ras­guea­do. A media­dos de siglo, con la inva­sión del piano en San­tia­go y Val­pa­raí­so, com­par­tió con éste los salo­nes. En las chin­ga­nas patrió­ti­cas popu­la­res se usa con el arpa. Su influen­cia y empleo pre­fe­ren­cial sigue en ascen­so duran­te el s. XX. El pre­do­mi­nio de la eje­cu­ción ras­guea­da, la exis­ten­cia de afi­na­cio­nes que recuer­dan las gui­ta­rras de cua­tro y cin­co órde­nes, jun­to con la ten­den­cia de las afi­na­cio­nes a los regis­tros gra­ves, sugie­ren una línea direc­ta con la gui­ta­rra popu­lar rena­cen­tis­ta, aun­que no en su mor­fo­lo­gía, que es con­tem­po­rá­nea.

Construcción

Se uti­li­zan las made­ras nobles de cier­ta anti­güe­dad y las exis­ten­tes en cada zona del país, sien­do las más usua­les el pino ore­gón y el pino arau­ca­ria. Los anti­guos cla­vi­je­ros de made­ra han sido reem­pla­za­dos por los metá­li­cos, pero las cuer­das de metal son aún pre­fe­ri­das a las de nai­lon por su tim­bre y sono­ri­dad. Los arte­sa­nos cons­truc­to­res de éste y otros ins­tru­men­tos son pocos y muy apre­cia­dos. Es usual que algu­nos can­to­res cons­tru­yan sus pro­pios ins­tru­men­tos intro­du­cién­do­les deta­lles o carac­te­rís­ti­cas par­ti­cu­la­res. Tam­bién hay indus­trias dedi­ca­das a la cons­truc­ción en serie.

Repertorio

Como ins­tru­men­to pre­fe­ri­do, abar­ca prác­ti­ca­men­te todo el tra­di­cio­nal del país. Se excep­túa la mayo­ría de los bai­les cere­mo­nia­les, cuyo acom­pa­ña­mien­to son ban­das de bron­ces, de lacas o sicus y/o de per­cu­sión, y el reper­to­rio de la cul­tu­ra mapu­che, don­de la gui­ta­rra no ha logra­do pene­trar. Par­ti­ci­pa en las acti­vi­da­des reli­gio­sas y fes­ti­vas impor­tan­tes del pue­blo, tan­to en ñes­tas fami­lia­res como públi­cas. Es ins­tru­men­to favo­ri­to de cam­pe­si­nos, mine­ros y otros tra­ba­ja­do­res, espe­cial­men­te de las áreas rura­les del país. Su dis­per­sión es nacio­nal, pero adquie­re mayor den­si­dad de uso en las zonas cam­pe­si­nas que abar­can de la IV a la IX Región.

Función musical

Pue­de ser acom­pa­ñan­te o solis­ta.

  1. Acom­pa­ñan­te del bai­le:
    1. Una gui­ta­rra. Como base armó­ni­ca y rít­mi­ca con o sin tañi­do. Uso: ras­guea­da y tañi­da. Ejem­plos: lan­chas, dan­za, ven­ta­na, bai­le del negro.
    2. Una o dos gui­ta­rras. Como base meló­di­ca, armó­ni­ca y rít­mi­ca con o sin acom­pa­ña­mien­to ras­guea­do, sin tañi­do. Uso: pun­tea­da, ras­guea­da y tri­na­da. Ejem­plos: vals, mazur­ka y ran­che­ra.
  2. Acom­pa­ñan­te del can­to (para escu­char o bai­lar):
    1. Una voz y una gui­ta­rra. Como base meló­di­ca, armó­ni­ca y rít­mi­ca, con o sin tañi­do. Uso: pun­tea­da o tri­na­da, o ras­guea­da, o pico­tea­da y tañi­da. Ejem­plos: can­to a lo poe­ta, tona­da (para escu­char), cue­ca, vals (para bai­lar).
    2. Una o dos gui­ta­rras con una, dos o tres voces. Como base meló­di­ca, armó­ni­ca y rít­mi­ca, con o sin tañi­do. Uso: pun­tea­da, tri­na­da, ras­guea­da y tañi­da. Ejem­plos: tona­da, cue­ca, vals.
  3. Acom­pa­ñan­te de otro ins­tru­men­to (para escu­char o bai­lar): acor­deón, flau­ta, vio­lín, man­do­lino, arpa. Como base armó­ni­ca y rít­mi­ca. Uso: ras­guea­da, tri­na­da. Ejem­plos: ran­che­ra, ban­das de cabil­do. Como acom­pa­ñan­te pue­de o no estar com­ple­men­ta­da con per­cu­sión diver­sa y com­par­tir esta fun­ción con otros ins­tru­men­tos, como por ejem­plo arpa, acor­deón, flau­ta. Ejem­plos: dan­za feme­ni­na, cue­ca, tona­da.
  4. Solis­ta. Una o dos gui­ta­rras. Como pro­ta­go­nis­ta meló­di­ca, armó­ni­ca y rít­mi­ca; sin tañi­do ni per­cu­sión, con o sin acom­pa­ña­mien­to ras­guea­do. Para escu­char. Uso: pun­tea­da, tri­na­da, ras­guea­da. Ejem­plos: vals, mazur­ka, mar­cha.

Afinacíón

Toda afi­na­ción cuya rela­ción inter­vá­li­ca entre las cuer­das sea dife­ren­te a la afi­na­ción uni­ver­sal es lla­ma­da fina­res o afi­na­res tras­pues­tos, exis­tien­do más de cua­ren­ta. La altu­ra abso­lu­ta de estos fina­res mues­tra ten­den­cia a usar regis­tros más bajos que la afi­na­ción uni­ver­sal que varían según la tesi­tu­ra del can­tor o can­to­ra. La tra­di­ción lla­ma con­tra­pe­sar y tem­plar al pro­ce­so de afi­nar la gui­ta­rra. Cada afi­nar tie­ne su pro­pio reper­to­rio, encon­trán­do­se múl­ti­ples nom­bres para cada uno de ellos. Exis­ten afna­cio­nes de vigen­cia nacio­nal, como son la ter­ce­ra alta, la segun­da alta, la aplas­ta­da y por la ori­lla, Hay otras de vigen­cia regio­nal como la común por dos y la común por tres, pri­va­ti­vas del can­to a lo poe­ta del esti­lo libre o apoe­ta­do. La “afi­na­ción dia­blo” se usa en la zona nor­te colin­dan­te con Boli­via y Perú. La fun­cio­na­li­dad de estas afi­na­cio­nes es sim­pli­fi­car el uso de la mano izquier­da, para lo cual hay dos o tres posi­cio­nes bási­cas. Así se tie­ne el máxi­mo núme­ro de cuer­das al aire y se obtie­ne una mayor sono­ri­dad. Algu­nas de éstas se rea­li­zan median­te cejas ente­ras por enci­ma del más­til. Exis­te la incli­na­ción a no tomar en cuen­ta la sex­ta cuer­da, pudién­do­se afi­nar en otra altu­ra, asu­mir la altu­ra de la quin­ta cuer­da o eli­mi­nar­se. Esto jun­to a la exis­ten­cia de afi­na­res que doblan uno o dos pares de cuer­das al uní­sono, deter­mi­na afi­na­cio­nes de cua­tro, cin­co y seis órde­nes.

Técnicas de ejecución

Exis­ten cin­co téc­ni­cas bási­cas de pro­du­cir el soni­do:

  1. Ras­gueo. Cons­ta de dos par­tes:
    1. arpe­gios rapi­dí­si­mos de ida y vuel­ta que abar­can las seis cuer­das cada vez
    2. apa­ga­dos o chas­qui­dos que la mujer eje­cu­ta sutil­men­te y el hom­bre más sono­ra­men­te (“chi­co­tea­do”). Exis­te una gran can­ti­dad de ras­gueos para cada una de las dife­ren­tes for­mas musi­ca­les vigen­tes, con varian­tes según la región e intér­pre­tes. Tie­ne cua­tro varian­tes: des­li­za­do; cha­rran­gueo; ras­guea­do y tañi­do, y ras­guea­do y pun­tea­do.
  2. Pun­teo. Su fun­ción es meló­di­ca. Se usan los dedos índi­ce y medio para pul­sar las tres pri­me­ras cuer­das y el pul­gar para las cuer­das gra­ves. Es pri­va­ti­vo de los hom­bres el emplear uñe­tas 0 púas (plec­tros), que sue­len ser de plás­ti­co o hue­so, usán­do­se tam­bién el dedo índi­ce. Por la fuer­za apli­ca­da, la pul­sa­ción del pul­gar pue­de pro­du­cir rebo­tes en el dia­pa­són, lo que se lla­ma chi­co­teo. El pun­teo del can­to a lo poe­ta es más sutil, Hay cin­co mane­ras prin­ci­pa­les de pun­tear:
    1. Lle­van­do sólo la melo­día en una, dos o tres cuer­das a la vez.
    2. Pun­tean­do y acom­pa­ñan­do: gene­ral­men­te se acom­pa­ña la melo­día, lle­va­da con los dedos índi­ce y medio en las cuer­das agu­das, con el pul­gar pul­san­do las gra­ves. Se acom­pa­ña tam­bién con tri­na­do.
    3. Tri­na­do. El pul­gar ata­ca las cuer­das gra­ves, una por vez, alter­nán­do­se con el índi­ce, que pul­sa simul­tá­nea­men­te las cuer­das agu­das.
    4. Pico­teo. Se pro­du­ce con las yemas de los dedos índi­ce o medio al per­cu­tir la pri­me­ra cuer­da en un tras­te deter­mi­na­do del dia­pa­són, al que le sigue un arpe­gio rea­li­za­do con el mis­mo dedo. La mano izquier­da va efec­tuan­do las posi­cio­nes nece­sa­rias.
    5. Tañi­do. Uso per­cu­ti­do del ins­tru­men­to sobre la tapa armó­ni­ca bajo la pane infe­rior del puen­te, uti­li­zan­do los nudi­llos de la mano dere­cha y las uñas y nudi­llos de la mano izquier­da. Lo eje­cu­ta un segun­do intér­pre­te mien­tras el pri­me­ro toca la gui­ta­rra de mane­ra gene­ral­men­te ras­guea­da. En el ras­gueo el ata­que de las cuer­das se pro­du­ce en el sec­tor que abar­ca entre el tras­te XII y el ini­cio de la boca; el pun­teo y el tri­na­do uti­li­zan el sec­tor inter­me­dio que va des­de el bor­de de la boca has­ta el puen­te. En el pico­teo el lugar de ata­que es sobre el dia­pa­són y el tañi­do sobre la tapa armó­ni­ca, bajo el puen­te.

Posición

Sen­ta­do el eje­cu­tan­te de mane­ra ergui­da y cómo­da, se posa el ins­tru­men­to sobre una de las pier­nas con el man­go incli­na­do en un ángu­lo que va de 20° a 70°, tocan­do el pecho sin pre­sio­nar­lo y for­man­do un trián­gu­lo con las pier­nas y el cuer­po. Tam­bién se usa cami­nan­do en los bai­les cere­mo­nia­les.

Intérpretes

El desa­rro­llo del esti­lo chi­leno de inter­pre­ta­ción de la gui­ta­rra como solis­ta en los esce­na­rios comen­zó recien­te­men­te, sien­do su prin­ci­pal expo­nen­te Ser­gio Sau­va­lle Echa­va­rría. Tam­bién prac­ti­can este esti­lo los can­to­res Pedro Yáñez, René Inos­tro­za y las Her­ma­nas Frei­re. Uti­li­za­da por indí­ge­nas de Chi­le, la gui­ta­rra se ha con­ver­ti­do en un ins­tru­men­to que atrae las pre­fe­ren­cias de la pobla­ción mes­ti­za resi­den­te en el Nor­te Gran­de de Chi­le (Regio­nes l y II). Este hecho es apre­cia­ble entre los migran­tes ayma­ras y ata­ca­me­ños resi­den­tes en las áreas urba­nas de estas regio­nes, inclu­yén­do­se tam­bién la pobla­ción indí­ge­na pre­cor­di­lle­ra­na y alti­plá­ni­ca. Tan­to en los pue­blos pre­cor­di­lle­ra­nos del inte­rior de Ari­ca e Iqui­que como en aque­llos del desier­to del Nor­te Gran­de, la gui­ta­rra se ha con­ver­ti­do en el cor­dó­fono favo­ri­to para el acom­pa­ña­mien­to de dan­zas y can­cio­nes. Apa­re­ce en dos varie­da­des: como gui­ta­rra moder­na con la afi­na­ción habi­tual pro­ve­nien­te de la músi­ca popu­lar, y como gui­ta­rra espa­ño­la anti­gua de seis órde­nes dobles y afi­na­cio­nes trans­pues­tas, pro­ve­nien­te de la músi­ca tra­di­cio­nal nor­ti­na de ances­tro his­pá­ni­co. Este cor­dó­fono se inte­gra a menu­do en con­jun­tos ins­tru­men­ta­les tan­to tra­di­cio­na­les como popu­la­res. La gui­ta­rra se ha adap­ta­do fle­xi­ble­men­te a las nece­si­da­des esti­lís­ti­cas de la músi­ca ascuen­se, y tam­bién -aun­que en menor gra­do- a la músi­ca occi­den­ta­li­za­da semi­po­pu­lar de algu­nos con­jun­tos mapu­ches.