Enrique Granados

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Pan­ta­león Enri­que Joa­quín Gra­na­dos Cam­pi­ña, más cono­ci­do como Enri­que Gra­na­dos (Léri­da, 27 de julio de 1867-canal de la Man­cha, 24 de mar­zo de 1916) fue un com­po­si­tor, pia­nis­ta y peda­go­go espa­ñol vin­cu­la­do a los movi­mien­tos moder­nis­tas.[1]​ Es cono­ci­do prin­ci­pal­men­te por su obra pia­nís­ti­ca, espe­cial­men­te por la sui­te Goyes­cas (1911), en la que basó tam­bién la ópe­ra homó­ni­ma.

Creó la escue­la de piano en Bar­ce­lo­na, que ha pro­du­ci­do figu­ras tan rele­van­tes como Frank Mars­hall, Mon­se­rrat Torrent, Rosa Saba­ter, Ali­cia de Larro­cha y Dou­glas Riva. Sue­le encua­drár­se­le en los movi­mien­tos moder­nis­tas, espe­cial­men­te en el sim­bo­lis­mo.[2]​ Murió en el nau­fra­gio de la nave Sus­sex, en el canal de la Man­cha, al ser tor­pe­dea­da por la arma­da ale­ma­na en el trans­cur­so de la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial.

El fon­do per­so­nal de Enri­que Gra­na­dos se con­ser­va en la Biblio­te­ca de Cata­lu­ña y en el Museo de la Músi­ca de Bar­ce­lo­na.

Biografía[editar]

Infancia[editar]

Gra­na­dos vis­to por Ramón Casas (MNAC).

Enri­que Gra­na­dos fue hijo de Calix­to Gra­na­dos Armen­te­ros y de Enri­que­ta Elvi­ra Cam­pi­ña. El padre había naci­do en la enton­ces pro­vin­cia espa­ño­la de Cuba, y era coro­nel de infan­te­ría. Elvi­ra había naci­do en San­tan­der, Can­ta­bria.

Enri­que Gra­na­dos, cuyo nom­bre com­ple­to era «Pan­ta­león Enri­que Joa­quín Gra­na­dos Cam­pi­ña», nació en Léri­da el 27 de julio de 1867, don­de su padre se encon­tra­ba des­ti­na­do en ese momen­to, pero poco des­pués la fami­lia se tras­la­dó a Cana­rias al haber sido nom­bra­do el padre gober­na­dor mili­tar de San­ta Cruz de Tene­ri­fe. Los Gra­na­dos per­ma­ne­cie­ron allí tres años y medio, que fue­ron sufi­cien­tes para dejar una hue­lla inde­le­ble en el peque­ño Enri­que. Gra­na­dos recor­da­ría en años suce­si­vos con inmen­so cari­ño aquel tiem­po en Cana­rias, refi­rién­do­se fre­cuen­te­men­te al huer­to de naran­jos y limo­ne­ros que veía des­de su ven­ta­na de su casa como «el paraí­so de su infan­cia».

En 1874 la fami­lia se tras­la­dó a Bar­ce­lo­na. La fami­lia se afin­có ini­cial­men­te en el carrer Feno­sa, y pos­te­rior­men­te en el paseo de Gra­cia. Para enton­ces Enri­que ya deno­ta­ba una cla­ra incli­na­ción hacia la músi­ca, que sus padres esti­mu­la­ron con la ayu­da de un com­pa­ñe­ro de su padre, el capi­tán José Gar­cía-Jun­ce­da,[3]​ quien dio al peque­ño Gra­na­dos sus pri­me­ras lec­cio­nes de músi­ca y reco­men­dó a los padres con­tra­tar un pro­fe­sor de piano, Fran­cis­co Javier Jur­net que le dio cla­ses entre 1878–1882.[4]

Gra­na­dos no fue esco­la­ri­za­do a cau­sa de su deli­ca­da salud, lo cual le per­mi­tió con­cen­trar­se en sus estu­dios musi­ca­les. Al pare­cer, Enri­que toca­ba fre­cuen­te­men­te para los visi­tan­tes y uno de estos, el pia­nis­ta Joan Picó con­ven­ció a su madre para que fue­sen a visi­tar al maes­tro Juan Bau­tis­ta Pujol (1835–1898), con­si­de­ra­do por aquel enton­ces como el mejor pro­fe­sor de piano de Bar­ce­lo­na.[3]

Pujol era un pia­nis­ta bri­llan­te y un cono­ci­do com­po­si­tor. Había estu­dia­do en el Con­ser­va­to­rio de París con Char­les Wil­frid de Bériot, alumno a su vez del míti­co Sigis­mond Thal­berg, Pujol había escri­to un nue­vo méto­do para el estu­dio del piano, el Nue­vo meca­nis­mo del piano sobre el que, ade­más de Gra­na­dos, se for­ma­ron otros com­po­si­to­res de la épo­ca tales como Isaac Albé­niz (1860–1909), Car­les Vidie­lla (1856–1915) y Joa­quim Malats (1872–1912). La con­tri­bu­ción de Pujol a la fun­da­ción de la lla­ma­da «Escue­la Cata­la­na de Piano» ha sido defi­ni­da como «una con­tri­bu­ción al énfa­sis en la cla­ri­dad, color y domi­nio de los secre­tos de los peda­les… un esti­lo de inter­pre­tar que sugie­ra impro­vi­sa­ción, con los encan­tos aña­di­dos de ela­bo­ra­ción y embe­lle­ci­mien­to que con­lle­va».

Gra­na­dos comen­zó sus estu­dios con Pujol en 1882. El 27 el mayo de 1883 fue pre­mia­do jun­to con varios com­pa­ñe­ros en un con­cur­so de la Aca­de­mia para pia­nis­tas nove­les, en el que la obra obli­ga­da era a Sona­ta en sol menor de Schu­mann así como una obra encar­ga­da por Mar­tí­nez-Imbert cuya par­ti­tu­ra veía por pri­me­ra vez.[5]​ Entre los miem­bros del jura­do esta­ban Isaac Albé­niz y Feli­pe Pedrell (1841–1922). Pare­ce que aque­lla fue la pri­me­ra oca­sión en que Gra­na­dos se encon­tró con este impor­tan­te crí­ti­co, musi­có­lo­go, pro­fe­sor y com­po­si­tor del que reci­bió con­se­jos sobre ins­tru­men­ta­ción a par­tir de 1891.[6]​ Aun­que Gra­na­dos reco­no­cía el magis­te­rio de Pedrell, su influen­cia en la for­ma­ción musi­cal de Gra­na­dos es ambi­gua pues man­tu­vie­ron una esca­sa rela­ción per­so­nal y se enfren­ta­ron en 1911 en una bre­ve pero dura con­tro­ver­sia.[7]

Pianista de Café[editar]

En enero de 1886 Enri­que Gra­na­dos comen­zó a tocar cin­co horas dia­rias en el Café de las Deli­cias[8]​, con un sala­rio de 1200 pese­tas anua­les.[3]​ El café, que fue rebau­ti­za­do más tar­de con el nom­bre de Lion d’Or, era con­si­de­ra­do como uno de los mejo­res de Bar­ce­lo­na. Fue des­cri­to en su gran­de­za al deta­lle por Nar­cís Oller en su nove­la La Boge­ría, aun­que para la épo­ca en la que Gra­na­dos entró a tra­ba­jar ya se había degra­da­do y pasa­do de moda con­si­de­ra­ble­men­te. El reper­to­rio favo­ri­to de los clien­tes pare­cía cen­trar­se casi exclu­si­va­men­te en torno a fan­ta­sías y rap­so­dias recar­ga­das de efec­tos y flo­ri­tu­ras varias, muy leja­nas al gus­to del joven Gra­na­dos. El empre­sa­rio bar­ce­lo­nés Eduar­do Con­de[9]​, buen ami­go de su fami­lia y del capi­tán José Gar­cía-Jun­ce­da, con­tra­tó a Gra­na­dos como pro­fe­sor de músi­ca de sus hijos asig­nán­do­le el enton­ces exor­bi­tan­te sala­rio de cien pese­tas al mes, equi­va­len­te a sus ingre­sos como pia­nis­ta del Café de las Deli­cias. En esta épo­ca Gra­na­dos hizo sus pri­me­ras apa­ri­cio­nes semi­pú­bli­cas, inclu­yen­do un con­cier­to el 9 de abril de 1886 en el Ate­neo de Bar­ce­lo­na, en el que inter­pre­tó jun­to con Ricar­do Viñes la obra para dos pia­nos de Got­ts­chalk Taran­te­lla, ade­más de la Fan­ta­sía Para Dos Pia­nos, Armo­nio y Cuar­te­to de Cuer­da de Josep Gar­cía Robles.[5]

A pesar de ser pro­ba­ble­men­te el pro­fe­sor par­ti­cu­lar de piano mejor paga­do del país, Gra­na­dos se daba cuen­ta de que Espa­ña no le ofre­cía la posi­bi­li­dad de ter­mi­nar sus estu­dios musi­ca­les, de modo que se deci­dió a mar­char a París, siem­pre con el apo­yo de Eduar­do Con­de, De todos modos, y para aumen­tar los aho­rros nece­sa­rios para un via­je de esa enver­ga­du­ra se puso nue­va­men­te a tra­ba­jar en un café, esta vez en el Café Fili­pino de Bar­ce­lo­na. Per­ma­ne­ció allí dos meses, impro­vi­san­do melo­días popu­la­res y acom­pa­ñan­do a patro­nes de dudo­sos gus­tos musi­ca­les, acti­vi­dad que des­cri­bió con pun­zan­tes deta­lles en su dia­rio.[3]​ En sep­tiem­bre de 1887 pudo por fin poner­se en camino hacia París.

París[editar]

El obje­ti­vo ini­cial de Gra­na­dos en París era el de entrar en el muy pres­ti­gio­so Con­ser­va­to­rio, en el que ya cur­sa­ran estu­dios algu­nos de sus maes­tros. Des­gra­cia­da­men­te con­tra­jo a su lle­ga­da la fie­bre tifoi­dea, y para el momen­to de su recu­pe­ra­ción había supe­ra­do ya la edad máxi­ma de acce­so. Enri­que deci­dió enton­ces estu­diar piano pri­va­da­men­te con Char­les Wil­frid de Bériot (1833–1914), uno de los pro­fe­so­res del Con­ser­va­to­rio. Entre los otros alum­nos de Bériot se con­ta­ban un joven­cí­si­mo Mau­ri­ce Ravel (1875–1937) y Ricar­do Viñes (1875–1943), su acom­pa­ñan­te en el con­cier­to del Ate­neo de Bar­ce­lo­na de 1886, tam­bién de Léri­da, con quien Gra­na­dos com­par­tía alo­ja­mien­to en el Hotel de Colog­ne et d’Espagne de la rue de Tré­vi­se.

Bériot insis­tía mucho en el refi­na­mien­to tonal de la inter­pre­ta­ción, y a esto se atri­bu­ye el par­ti­cu­lar inte­rés desa­rro­lla­do des­pués por Gra­na­dos en la téc­ni­ca de ata­que y en el uso de los peda­les. Otra influen­cia de Bériot se halla en la impro­vi­sa­ción. Ade­más de la prác­ti­ca de pre­lu­diar las obras —pre­pa­rar a la audien­cia con algu­nos temas bre­ves impro­vi­sa­dos antes de un reci­tal—, la impro­vi­sa­ción fue casi siem­pre un ele­men­to pre­sen­te en las inter­pre­ta­cio­nes de Gra­na­dos, quien pose­yen­do ya un gran talen­to en este aspec­to vio su habi­li­dad natu­ral muy refor­za­da bajo la tute­la de Bériot.

Su estan­cia en París con­fi­gu­ró su con­cep­ción inter­pre­ta­ti­va y lo deci­dió a ser com­po­si­tor. París se esta­ba con­fi­gu­ran­do como una de las ciu­da­des cul­tu­ra­les de refe­ren­cia —Gra­na­dos asis­tió a la cons­truc­ción e inau­gu­ra­ción de la Torre Eif­fel—, con una calei­dos­có­pi­ca vida musi­cal en la cual los aca­de­mi­cis­mos de César Franck, Vin­cent d’Indy o Cami­lle Saint-Saëns con­vi­vían con las inno­va­cio­nes pro­mo­vi­das por Enma­nuel Cha­brier, Clau­de Debussy, Gabriel Fau­re, Paul Dukas, Céci­le Cha­mi­na­de o Isaac Albé­niz. Ade­más de for­mar­se con Bériot, París le dio a Gra­na­dos la opor­tu­ni­dad de con­so­li­dar su amis­tad con Albé­niz, que había sido con­dis­cí­pu­lo suyo en Bar­ce­lo­na, y de cono­cer a los músi­cos fran­ce­ses más repre­sen­ta­ti­vos del momen­to, como los men­cio­na­dos Fau­ré, Debussy, Dukas, D’Indy o Saint-Saëns y más tar­de a Eugen D’Albert, Tere­sa Carre­ño, Mau­ri­ce Ravel e Igor Stra­vinsky, entre otros

Las cró­ni­cas de Viñes acla­ran que, ade­más de estu­diar, los alum­nos de Bériot tam­bién se diver­tían cuan­to podían y fre­cuen­ta­ban los famo­sos caba­rets y tea­tros de la épo­ca, tales como la Comé­die-Fra­nçai­se. Viñes y Gra­na­dos alqui­la­ron un extra­ño tri­ci­clo con el que daban lar­gos paseos por París, y Gra­na­dos se afi­cio­nó tam­bién allí a la pin­tu­ra fre­cuen­tan­do la casa del pin­tor Fran­cesc Mira­lles —vecino suyo en Bar­ce­lo­na duran­te su infan­cia—, amis­tad de la cual sur­gi­ría más tar­de la ins­pi­ra­ción para algu­na de sus obras. En julio de 1889 y tras varios inten­tos infruc­tuo­sos de atraer el inte­rés de los edi­to­res pari­si­nos hacia sus obras, Enri­que Gra­na­dos regre­sa a Bar­ce­lo­na.

Regreso a Barcelona y andanzas por Madrid[editar]

A su regre­so, Gra­na­dos nego­ció la publi­ca­ción del pri­mer cua­derno de sus Doce dan­zas espa­ño­las (Bar­ce­lo­na: 1893) con la edi­to­rial de Pujol[10]​, su ex-maes­tro. Las Dan­zas espa­ño­las supu­sie­ron el pri­mer reco­no­ci­mien­to inter­na­cio­nal de Gra­na­dos ya que algu­nos com­po­si­to­res con­sa­gra­dos del momen­to, tales como Cui, Fau­ré, Saint Saëns y Grieg pare­cen haber­las elo­gia­do efu­si­va­men­te.

El 25 de noviem­bre de 1889 Gra­na­dos hizo su debut en Bar­ce­lo­na, en el Ate­neo,[11]​ si bien pare­ce haber teni­do mayor reper­cu­sión el con­cier­to del 20 de abril de 1890 en el Tea­tro Líri­co de Bar­ce­lo­na, don­de estre­nó varias com­po­si­cio­nes ori­gi­na­les tales como Ara­bes­ca, algu­nas de sus Dan­zas espa­ño­las y la hoy per­di­da Sere­na­ta espa­ño­la —que no debe con­fun­dir­se con la obra de Albé­niz de igual títu­lo—. Ade­más, Gra­na­dos inter­pre­tó obras de Saint-Saëns, Bizet, Men­dels­sohn, Cho­pin y Beet­ho­ven, jun­to con un sex­te­to que con­clu­yó el reci­tal con obras de Mozart y Schu­bert. El con­cier­to fue un éxi­to rotun­do que dio a Enri­que Gra­na­dos una gran popu­la­ri­dad que ya sólo iría aumen­tan­do has­ta el final de su vida.

En 1891 Gra­na­dos par­ti­ci­pa en la fun­da­ción de uno de los sím­bo­los musi­ca­les más visi­bles de Bar­ce­lo­na, el Orfeón Cata­lán. Hacía ya tiem­po que el entu­sias­mo por el idio­ma y la lite­ra­tu­ra de Cata­lu­ña, fomen­ta­do por el movi­mien­to de media­dos de siglo cono­ci­do como Renai­xe­nça, había pene­tra­do en la vida musi­cal, y los com­po­si­to­res de Bar­ce­lo­na se apres­ta­ron a expre­sar estos sen­ti­mien­tos a tra­vés de nue­vos arre­glos de can­cio­nes popu­la­res tra­di­cio­na­les. Las últi­mas déca­das del siglo vie­ron la apa­ri­ción de diver­sos coros que inter­pre­ta­ban el reper­to­rio popu­lar tra­di­cio­nal así como las nue­vas obras de los com­po­si­to­res cata­la­nes, obras clá­si­cas o una com­bi­na­ción de lo ante­rior.

Hacia 1891 Enri­que Gra­na­dos cono­ció a Ampa­ro Gal y Llo­be­ras, hija de un matri­mo­nio bar­ce­lo­nés[12]​ dedi­ca­do a al comer­cio y cuña­da del empre­sa­rio fran­co-espa­ñol José Achón. Enri­que y Ampa­ro con­tra­je­ron matri­mo­nio el 7 de diciem­bre de 1892 en la igle­sia de la Mer­cé de Bar­ce­lo­na.[n 1]​ Su pri­mer hijo, Eduar­do, nació en julio de 1894. Segui­rían otros cin­co: Soli­ta, Enri­que, Víc­tor, Fran­cis­co y Nata­lia. Tras su matri­mo­nio, Gra­na­dos pasó bue­na par­te de 1894 y 1895 en Madrid, inten­tan­do publi­car su músi­ca y obte­ner una pla­za como pro­fe­sor de piano en el Con­ser­va­to­rio.[13]​ Pero al igual que le suce­dió en París, cayó enfer­mo y no pudo pre­sen­tar­se a las opo­si­cio­nes que ganó la joven Pilar Fer­nán­dez de la Mora, que lle­ga­ría a ser una de las pro­fe­so­ras de piano más rele­van­tes del Con­ser­va­to­rio madri­le­ño. Gra­na­dos tam­bién ofre­ció algu­nos con­cier­tos en el Salón Rome­ro[14]​ en una serie de abono en la que, entre otros intér­pre­tes, se encon­tra­ba el joven y pro­me­te­dor vio­lon­ce­lis­ta, Pablo Casals (1876–1973).

En octu­bre de 1895 Gra­na­dos se encon­tra­ba ya de regre­so en Bar­ce­lo­na. Bajo los aus­pi­cios de la Socie­tat Cata­la­na de Con­certs ofre­ció varios con­cier­tos de sus obras así como de d’Indy y Albé­niz, a menu­do en com­pa­ñía del vio­li­nis­ta bel­ga Mat­hieu Crick­boom (1871–1947), quien se había afin­ca­do en Bar­ce­lo­na en 1895.

Tras la diso­lu­ción de la Socie­tat Cata­la­na de Con­certs en el verano de 1897, Crick­boom fun­dó la Socie­tat Fil­har­mó­ni­ca con el obje­ti­vo de pro­mo­ver la músi­ca de cáma­ra en pano­ra­ma musi­cal bar­ce­lo­nés, esen­cial­men­te domi­na­do por la ópe­ra. Gra­na­dos debu­tó con la Fil­har­mó­ni­ca el 9 de noviem­bre de 1897 en la Sala Este­la, don­de tocó con Crick­boom y Pablo Casals. En los siguien­tes sie­te años tocó con la Socie­tat Fil­har­mó­ni­ca en vein­ti­cin­co oca­sio­nes, a menu­do con Casals y oca­sio­nal­men­te estre­nan­do en Bar­ce­lo­na obras pro­ce­den­tes de Fran­cia, tales como la Sona­ta para vio­lín op. 75 de Saint-Saëns (1902). Tam­bién con­ti­nuó com­po­nien­do, aun­que nin­guno de sus con­cier­tos de cáma­ra —como los que com­pu­so en Madrid— figu­ra en el pro­gra­ma de la Socie­tat. En esta épo­ca Gra­na­dos había ya ensa­ya­do la com­po­si­ción orques­tal, y sus obras Sui­te sobre can­tos galle­gos y Mar­cha de los ven­ci­dos se estre­na­ron en octu­bre de 1899. En noviem­bre de ese año estre­nó en Bar­ce­lo­na Val­ses poé­ti­cos (Madrid: casa Dote­sio, ca. 1895), que fue calu­ro­sa­men­te aco­gi­da por el públi­co.

A media­dos de 1898 Gra­na­dos regre­só a Madrid para estre­nar su pri­me­ra obra escé­ni­ca, la ópe­ra en tres actos María del Car­men, que fue un rotun­do éxi­to. Aun­que hubo algu­nas crí­ti­cas al libre­to, esta ópe­ra le supu­so a Gra­na­dos un enor­me éxi­to comer­cial. Per­ma­ne­ció en car­tel duran­te mucho tiem­po, y su popu­la­ri­dad lle­gó a oídos de la rei­na regen­te, María Cris­ti­na, quien con­de­co­ró a Gra­na­dos con la Cruz de Car­los III. La obra cose­chó tam­bién un éxi­to con­si­de­ra­ble en Bar­ce­lo­na y en Valen­cia.

En 1900 rom­pió con Crick­boom y fun­dó la Socie­dad de Con­cier­tos Clá­si­cos,[7]​ y la Aca­de­mia Gra­na­dos des­ti­na­da a la ense­ñan­za del arte pia­nís­ti­co —des­pués Aca­de­mia Mars­hall—. Esta Aca­de­mia, que crea­rá un esti­lo par­ti­cu­lar de inter­pre­ta­ción, fue diri­gi­da por Gra­na­dos has­ta que se mar­chó a Amé­ri­ca. Des­pués fue con­ti­nua­da por su dis­cí­pu­lo, el pia­nis­ta Frank Mars­hall, naci­do en Mata­ró en 1883. La Aca­de­mia Gra­na­dos ha dado gran­des nom­bres a la inter­pre­ta­ción pia­nís­ti­ca: Paqui­ta Madri­gue­ra, Bal­ta­sar Sam­per, Ali­cia de Larro­cha, Rosa Saba­ter, así como Con­chi­ta Badía, a quien con­si­de­ró su segun­da hija, quien estre­nó varias obras suyas, algu­nas de ellas dedi­ca­das… En los años siguien­tes, Gra­na­dos publi­ca varias obras para piano y de cáma­ra. El Alle­gro de con­cier­to (1904), pre­mia­do en un con­cur­so del Con­ser­va­to­rio de Madrid, aban­do­na la línea «nacio­na­lis­ta» en bus­ca de un vir­tuo­sis­mo neta­men­te román­ti­co. En 1905 dio a cono­cer en París las sona­tas de Scar­lat­ti que él mis­mo había trans­cri­to y com­ple­ta­do. Entre las obras de cáma­ra cabe des­ta­car la Sona­ta para vio­lon­che­lo y piano.

Granados y su relación con el Orfeón Catalán y el Palacio de la Música Catalana[editar]

En 1891 Gra­na­dos par­ti­ci­pa en la fun­da­ción de uno de los sím­bo­los musi­ca­les más visi­bles de Bar­ce­lo­na, el Orfeón Cata­lán. Hacía ya tiem­po que el entu­sias­mo por el idio­ma y la lite­ra­tu­ra de Cata­lu­ña, fomen­ta­do por el movi­mien­to de media­dos de siglo cono­ci­do como Renai­xe­nça, había pene­tra­do en la vida musi­cal, y los com­po­si­to­res de Bar­ce­lo­na se apres­ta­ron a expre­sar estos sen­ti­mien­tos a tra­vés de nue­vos arre­glos de can­cio­nes popu­la­res tra­di­cio­na­les. Las últi­mas déca­das del siglo vie­ron la apa­ri­ción de diver­sos coros que inter­pre­ta­ban el reper­to­rio popu­lar tra­di­cio­nal así como las nue­vas obras de los com­po­si­to­res cata­la­nes, obras clá­si­cas o una com­bi­na­ción de lo ante­rior. La fun­da­ción del más influ­yen­te de estos coros, el Orfeó Cata­lá, se atri­bu­ye gene­ral­men­te a Ama­deo Vives (1871–1932) y Lluís Millet (1867–1941). El dia­rio de Enri­que Gra­na­dos, sin embar­go, deja poco lugar a dudas sobre su papel esen­cial en la for­ma­ción, a la que tam­bién con­tri­bu­yó Enri­que More­ra. Des­de la fun­da­ción, Gra­na­dos for­mó par­te de la Comi­sión de Ense­ñan­za y estu­vo como jura­do en una de las con­vo­ca­to­rias del con­cur­so musi­cal de la Fes­ta de la Músi­ca Cata­la­na al lado de Lluis Millet y Anto­ni Nico­lau. Gra­na­dos inter­pre­tó él mis­mo sus Dan­zas espa­ño­las[15]​ en el pri­mer con­cier­to del Orfeón Cata­lán en 1892. Al año siguien­te, estre­nó en este con­tex­to la Orien­tal[16]​ para cuer­da y oboe. Ade­más dedi­có con­cier­tos en honor a los coris­tas,[17]​ como el cele­bra­do en mayo de 1902. Tam­bién estre­nó obras jun­to a ellos, como el poe­ma sin­fó­ni­co para orques­ta Dan­te, o su pie­za para voz y piano Ele­gía eter­na.[18]​ El Orfeón era par­te de un pro­yec­to polí­ti­co del cual no par­ti­ci­pa­ba Gra­na­dos, cues­tión que ha dado lugar a diver­sos mitos y fal­si­fi­ca­cio­nes docu­men­ta­les.[19]

Lo cier­to es que Gra­na­dos man­tu­vo lazos cor­dia­les duran­te toda su vida tan­to con el Orfeón como con el res­to de sus fun­da­do­res, dio varios con­cier­tos a bene­fi­cio del Orfeón y lo con­tra­tó para el estreno de dos de sus más ambi­cio­sas com­po­si­cio­nes voca­les, el Cant de les Estre­lles (1911) y la Ele­gía Eter­na (1914). Tras la muer­te del matri­mo­nio Gra­na­dos, el Orfeón Cata­lán envió tele­gra­mas, men­sa­jes a emba­ja­das y socie­da­des filar­mó­ni­cas de todo el mun­do para recau­dar fon­dos des­ti­na­dos a sus hijos.

La rela­ción entre Enri­que Gra­na­dos y el Orfeón Cata­lán no sola­men­te se pue­de per­ci­bir en los pro­gra­mas de mano con­ser­va­dos, sino que tam­bién se pue­de visua­li­zar en la corres­pon­den­cia entre el com­po­si­tor y otras per­so­na­li­da­des de la ins­ti­tu­ción. Entre la docu­men­ta­ción his­tó­ri­ca del archi­vo del Orfeón Cata­lán se encuen­tran varias car­tas que tes­ti­mo­nian la bue­na rela­ción que había con Lluis Millet, Fran­cesc Pujol o con el pre­si­den­te de la ins­ti­tu­ción Joa­quín Cabot. Ade­más de dos cua­dros pin­ta­dos por el músi­co que dejan paten­te su afi­ción hacia la pin­tu­ra. En uno de ellos está repre­sen­ta­do el gua­ca­ma­yo de Apel·les Mes­tres,[20]​ mien­tras que en el otro apa­re­ce el dibu­jo de un vio­lín.[21]

Des­de su inau­gu­ra­ción en 1908, el Pala­cio de la Músi­ca Cata­la­na fue el lugar ele­gi­do por Gra­na­dos para estre­nar muchas de sus obras, tales como Goyes­cas y el Can­to de las estre­llas en 1911,[22]Ele­gía eter­na en 1915[23]​ y el poe­ma sin­fó­ni­co Dan­te,[24]​ jun­to a la Orques­ta Sin­fó­ni­ca de Madrid tam­bién en 1915. En este esce­na­rio Gra­na­dos ofre­ció tam­bién con­cier­tos jun­to a gran­des intér­pre­tes inter­na­cio­na­les tales como el pia­nis­ta Édouard Ris­ler, o los vio­li­nis­tas Jac­ques Thi­baud y el ante­rior­men­te men­cio­na­do Mat­hieu Crick­boom.

A lo lar­go de las déca­das pos­te­rio­res, y has­ta el pre­sen­te, se han orga­ni­za­do el Palau muchos con­cier­tos en home­na­je a Gra­na­dos, pro­ta­go­ni­za­dos por intér­pre­tes de la talla de Con­chi­ta Badía, Mon­tse­rrat Caba­llé o Tere­sa Ber­gan­za, o la pia­nis­ta Ali­cia de Larro­cha, quien es con­si­de­ra­da como una de las mejo­res intér­pre­tes de Gra­na­dos de todos los tiem­pos.

Granados y Goya[editar]

Gra­na­dos sen­tía una ver­da­de­ra pasión por el tiem­po de Fran­cis­co de Goya y el ambien­te cas­ti­cis­ta que el pin­tor supo retra­tar. Con­si­de­ra­ba a Goya como «el genio repre­sen­ta­ti­vo de Espa­ña». Poseía varias obras del pin­tor y, dado que Gra­na­dos tenía bue­na mano para el dibu­jo y la pin­tu­ra, lle­gó a retra­tar­se a sí mis­mo dis­fra­za­do de «goyes­co» y pro­du­jo varias lámi­nas con moti­vos ins­pi­ra­dos en la obra de Goya. De esta devo­ción nacen los dos cua­der­nos de Goyes­cas, para piano, con el sub­tí­tu­lo Los majos enamo­ra­dos. Estas impre­sio­nes musi­ca­les en sie­te esce­nas, ilus­tran el desa­rro­llo de una pasión amo­ro­sa entre dos «majos», des­de su pri­mer encuen­tro has­ta la trá­gi­ca muer­te del «mayo­ría» y la pos­te­rior apa­ri­ción de su espec­tro. Goyes­cas ha sido con­si­de­ra­da des­de diver­sos pun­tos de vis­ta; a veces como una espe­cie de con­jun­to de impro­vi­sa­cio­nes, otras como una narra­ción con­ti­nua con el uso del leit­mo­tiv de ins­pi­ra­ción wag­ne­ria­na, otras veces se ha cri­ti­ca­do la exce­si­va ten­den­cia a la repe­ti­ción de pasa­jes o fra­ses, desem­bo­can­do en una cier­ta mono­to­nía, que sólo pue­de sal­var el acer­ta­do tra­ta­mien­to de los temas, del color, del rit­mo y de la armo­nía. Goyes­cas se estre­nó en 1911 en el Pala­cio de la Músi­ca Cata­la­na. La con­sa­gra­ción mun­dial de Gra­na­dos tuvo lugar con el estreno de Goyes­cas en la Sala Ple­yel de París en 1914. Tan gran­de fue el éxi­to que se le con­ce­dió al músi­co la Legión de Honor de la Repú­bli­ca Fran­ce­sa. Hijas de la pasión por los ambien­tes «goyes­co» son tam­bién las Tona­di­llas, para voz y piano, escri­tas sobre unos des­afor­tu­na­dos tex­tos de Fer­nan­do Peri­quet. Se tra­ta de una serie de diez can­cio­nes en las que Gra­na­dos tra­ta de recrear el ambien­te madri­le­ño de fina­les del siglo xviii y prin­ci­pios del siglo xix, ins­pi­ra­do en las obras de Goya, des­de la lumi­no­si­dad de los car­to­nes para tapi­ces al dra­ma­tis­mo de los Capri­chos.

En América[editar]

Enri­que Gra­na­dos en 1914

A raíz del éxi­to de la sui­te pia­nís­ti­ca Goyes­cas, la Ópe­ra de París encar­gó a Gra­na­dos una ópe­ra. El com­po­si­tor plan­teó la adap­ta­ción del mate­rial pia­nís­ti­co de Goyes­cas en obra líri­ca y encar­gó a Fer­nan­do Peri­quet el tex­to, que evi­den­te­men­te tenía que enca­jar en la músi­ca ya escri­ta. Gra­na­dos se tras­la­dó a una casa que el musi­có­lo­go Kurt Schind­ler le pres­tó en Sui­za, don­de ter­mi­nó el tra­ba­jo. El esta­lli­do de la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial hizo fra­ca­sar el pro­yec­to del estreno pari­sino, y el Metro­po­li­tan Ope­ra Hou­se de Nue­va York se ofre­ció para la pri­mi­cia.

Las cir­cuns­tan­cias son intere­san­tes: su ami­go Ernest Sche­lling, nota­ble com­po­si­tor nor­te­ame­ri­cano (1876–1939) fue el artí­fi­ce de la inclu­sión de Goyes­cas en el pro­gra­ma de la tem­po­ra­da 1915–1916 de la Metro­po­li­tan Ope­ra Hou­se. Allí coin­ci­di­ría con Pablo Casals, quien ensa­yó la obra con la orques­ta. Pue­de ima­gi­nar­se que el ambien­te béli­co del momen­to sus­ci­tó en los Gra­na­dos un cier­to ner­vio­sis­mo, pues no pare­cía el momen­to idó­neo para hacer­se a la mar, y ade­más se tra­ta­ba de la pri­me­ra tra­ve­sía marí­ti­ma de Enri­que Gra­na­dos, que había teni­do toda su vida una gran aver­sión a los via­jes por mar. Poco antes de embar­car comen­tó bro­mean­do: «En este via­je deja­ré los hue­sos».

Final­men­te Gra­na­dos y Ampa­ro zar­pa­ron del puer­to de Bar­ce­lo­na en noviem­bre de 1915 en el buque Mon­te­vi­deo, en el que via­ja­ba tam­bién el gui­ta­rris­ta Miguel Llo­bet. Eso sin duda les per­mi­tió hacer una tra­ve­sía más entre­te­ni­da, hablan­do de cosas de Bar­ce­lo­na, pero como vere­mos aquel via­je de ida no estu­vo exen­to de per­can­ces. Hicie­ron esca­la en Cádiz, y el 30 de noviem­bre zar­pa­ron de nue­vo rum­bo a Nue­va York. Duran­te la tra­ve­sía, el Mon­te­vi­deo fue inter­cep­ta­do por el des­truc­tor Cas­sard, de la Arma­da Fran­ce­sa, para una veri­fi­ca­ción. Aun­que todo se resol­vió sin pro­ble­mas y con la mayor cele­ri­dad posi­ble, el inci­den­te fue sufi­cien­te para poner ner­vio­so al pasa­je has­ta el pun­to que Gra­na­dos, siem­pre bro­mis­ta, comen­tó: «¡Si nos vuel­ven a parar, me apeo!».

En una car­ta escri­ta a sus hijos duran­te la tra­ve­sía y des­pa­cha­da en Nue­va York, dice:

[…] debía­mos estar nave­gan­do 10 días y hemos esta­do 15. Unas cuán­tas horas de cal­ma y el res­to un tem­po­ral que no se aca­ba­ba nun­ca. Creía­mos que no os vol­ve­ría­mos a ver. Una tar­de, vues­tra madre y yo, nos abra­za­mos y reza­mos para que Dios os guia­ra[…]

Lle­ga­ron a Nue­va York el 15 de diciem­bre. Comen­zó ense­gui­da una acti­vi­dad fre­né­ti­ca de pre­pa­ra­ti­vos, con­tac­tos y ensa­yos con la orques­ta. Tal y como se había pla­nea­do, Pablo Casals ya había diri­gi­do los ensa­yos prin­ci­pa­les, y Gra­na­dos y el famo­so vio­lon­che­lis­ta ofre­cie­ron un con­cier­to en la Friends of Music Society antes del estreno de Goyes­cas unos días más tar­de. Ade­más, Gra­na­dos gra­bó algu­nos rollos de pia­no­la para la com­pa­ñía Aeo­lian y tuvo una inten­sa vida social, ya que la socie­dad neo­yor­qui­na con­si­de­ra­ba como un ver­da­de­ro lujo con­tar en la ciu­dad con un artis­ta euro­peo del renom­bre de Gra­na­dos, de mane­ra que era invi­ta­do cons­tan­te­men­te a cóc­te­les y recep­cio­nes.

Poco antes del estreno el empre­sa­rio del Metro­po­li­tan dijo a Gra­na­dos que, a su pare­cer, a Goyes­cas le fal­ta­ba un inter­lu­dio. Gra­na­dos escri­bió enton­ces la que fue su últi­ma com­po­si­ción, que lue­go se haría espe­cial­men­te famo­sa. El com­po­si­tor no que­dó muy satis­fe­cho, y le dijo a Casals: «He hecho una cosa de mala fe, vul­gar, de cara al públi­co. ¡Me ha sali­do una jota!» a lo que Casals res­pon­dió: «Per­fec­to. ¿No era ara­go­nés Goya?».

El estreno tuvo lugar final­men­te el 26 de enero de 1916, sien­do diri­gi­da la orques­ta por el maes­tro Gae­tano Bavag­no­li, y el coro por Giu­lio Set­ti. El éxi­to fue apo­teó­si­co, y la dura­ción de las ova­cio­nes his­tó­ri­ca. Gra­na­dos escri­bió a su ami­go Viñes: «Por fin he vis­to rea­li­za­dos mis sue­ños […] Toda mi ale­gría actual la sien­to más por todo lo que tie­ne que venir que por lo que he hecho has­ta aho­ra».

La crí­ti­ca, sin embar­go, no fue favo­ra­ble, y la obra se repre­sen­tó úni­ca­men­te cin­co veces y resul­tó un fias­co comer­cial. A pesar de eso, la popu­la­ri­dad de Gra­na­dos subió has­ta las nubes has­ta el pun­to que el pre­si­den­te Wil­son le invi­tó a la Casa Blan­ca. Este home­na­je ten­dría, como se expli­ca más aba­jo, con­se­cuen­cias funes­tas para el matri­mo­nio Gra­na­dos.

Los Gra­na­dos tenían pasa­jes de regre­so para el día 8 de mar­zo en el buque de ban­de­ra espa­ño­la Anto­nio López que hacía la línea Nue­va York-Bar­ce­lo­na, pero para poder asis­tir a la recep­ción de la Casa Blan­ca pos­pu­sie­ron la fecha del via­je tres días. Esta vez el via­je incluía un trans­bor­do en Ingla­te­rra y un tra­yec­to en tren: De Nue­va York a Fal­mouth via­ja­rían en el SS Rot­ter­dam, de ban­de­ra holan­de­sa, y des­de Fol­kes­to­ne a Diep­pe, Fran­cia en el SS Sus­sex, de ban­de­ra fran­ce­sa. En Diep­pe toma­rían un tren con des­tino a Bar­ce­lo­na.

La recep­ción y con­cier­to en la Casa Blan­ca tuvie­ron lugar el 7 de mar­zo. Al día siguien­te el emba­ja­dor de Espa­ña, Juan Ria­ño y Gayan­gos, ofre­ció un almuer­zo en su honor duran­te el cual le hizo ver el peli­gro de embar­car­se en una nave de un país beli­ge­ran­te, por más civil que esta fue­se. Gra­na­dos se alar­mó has­ta el pun­to que inten­tó cam­biar los pasa­jes, pero ya no había tiem­po y su impa­cien­cia por regre­sar a casa le lle­vó a per­sis­tir en la ruta men­cio­na­da.

Los Gra­na­dos se embar­ca­ron en el puer­to de Nue­va York el 11 de mar­zo de 1916. La des­pe­di­da en el mue­lle fue muy emo­ti­va, acu­dien­do muchos ami­gos tales como Sche­lling, Kreis­ler y Pade­rews­ki. Le fue entre­ga­da una copa de pla­ta con­me­mo­ran­do el estreno de Goyes­cas en Nue­va York, fir­ma­da por todos los artí­fi­ces del acon­te­ci­mien­to y con más de cua­tro mil dóla­res en su inte­rior.

El matri­mo­nio Gra­na­dos lle­gó a Fal­mouth el 19 de mar­zo, diri­gién­do­se a con­ti­nua­ción a Lon­dres para visi­tar la ciu­dad y encon­trar­se con algu­nos ami­gos. Entre ellos se encon­tra­ba el escul­tor Ismael Smith, quien hizo duran­te aque­llos días una más­ca­ra de arci­lla del ros­tro del com­po­si­tor. Enri­que Gra­na­dos tuvo ade­más varios encuen­tros con empre­sa­rios bri­tá­ni­cos para pro­po­ner­les la repre­sen­ta­ción de Goyes­cas en Lon­dres, pero éstos no se inte­re­sa­ron por el pro­yec­to.

El 24 de mar­zo el matri­mo­nio aban­do­nó Lon­dres con des­tino al puer­to de Fol­kes­to­ne, y embar­có en el vapor Sus­sex de la Com­pa­ñía de los Ferro­ca­rri­les Fran­ce­ses. La nave zar­pó a las 13:15 con rum­bo al puer­to fran­cés de Diep­pe, en la otra ori­lla del canal de La Man­cha. Hacia las 14:30 el Sus­sex fue detec­ta­do por el sub­ma­rino de gue­rra ale­mán UB-29, bajo el man­do del capi­tán Her­bert Pust­ku­chen, que apa­ren­te­men­te lo con­fun­dió con un bar­co mina­dor y hacia las 14:50 lan­zó un torpe­do que impac­tó en el medio del cas­co, par­tien­do al Sus­sex por la mitad. La proa del Sus­sex se hun­dió ense­gui­da, mien­tras que la popa que­dó a la deri­va y fue remol­ca­da pos­te­rior­men­te has­ta el puer­to de Bou­log­ne. El cama­ro­te de los Gra­na­dos se halla­ba en la popa, y en él fue­ron encon­tra­dos sus equi­pa­jes y muchos obje­tos per­so­na­les, pero se sabe que en el momen­to del impac­to el matri­mo­nio se encon­tra­ba en otra par­te del bar­co. Según tes­ti­gos ocu­la­res, Enri­que Gra­na­dos se lan­zó al agua y fue iza­do al poco a bor­do de una de las lan­chas de sal­va­men­to, pero al ver poco des­pués a su espo­sa deba­tién­do­se entre las olas, se lan­zó a res­ca­tar­la, sien­do engu­lli­dos los dos por el mar.[25]

Res­tos del Sus­sex en el puer­to de Bou­log­ne, 1916.

En la catás­tro­fe del Sus­sex per­die­ron la vida otras ochen­ta per­so­nas. Juan Ramón Jimé­nez, radi­ca­do en Nue­va York en esos tiem­pos, dedi­ca el Poe­ma LXXXI «Humo y oro» de su Dia­rio de un poe­ta recién casa­do a Enri­que y Ampa­ro Gra­na­dos, cuan­do se ente­ra del hun­di­mien­to del Sus­sex, publi­ca­do en la pren­sa nor­te­ame­ri­ca­na el 27 de mar­zo.[26]

Producción musical[editar]

Estilo[editar]

La músi­ca de Gra­na­dos es una muy per­so­nal mues­tra del pujan­te sim­bo­lis­mo musi­cal de la Belle Épo­que, tan­to en sus com­po­si­cio­nes de músi­ca tea­tral como en sus obras para piano, los dos géne­ros pre­di­lec­tos del autor.

Obras[editar]

Gra­na­dos y la músi­ca para la esce­na. Lis­ta actua­li­za­da a 1 de octu­bre de 2018 de las sie­te obras de tea­tro musi­cal, seis músi­cas inci­den­ta­les para tea­tro y cua­tro pro­yec­tos incon­clu­sos de Zar­zue­la rea­li­za­dos por Gra­na­dos entre 1894 y 1915[27]​.

Sui­te sobre can­tos popu­la­res galle­gos para orques­ta, estre­na­da en Bar­ce­lo­na el 31 de octu­bre de 1899[28]​.

La músi­ca de cáma­ra de Enri­que Gra­na­dos. Lis­ta actua­li­za­da a 30 de noviem­bre de 2018 de las quin­ce obras de músi­ca de cáma­ra com­pues­tas por Enri­que Gra­na­dos entre 1890 y 1916[29]​.

Dan­zas espa­ño­las. Estu­dio de la pri­me­ra edi­ción (1892–1895) de las 12 Dan­zas espa­ño­las para piano de Enri­que Gra­na­dos[30]​.

Las can­cio­nes de Enri­que Gra­na­dos. Lis­ta actua­li­za­da a 12 de octu­bre de 2018 de los dos ciclos de can­cio­nes y vein­ti­dós can­cio­nes en cata­lán, espa­ñol y fran­cés com­pues­tas por Enri­que Gra­na­dos entre 1902 y 1916[31]​.

Legado[editar]

Se suce­die­ron muchos home­na­jes a Gra­na­dos des­pués de su muer­te, la mayo­ría pro­ta­go­ni­za­dos por Con­chi­ta Badía, su dis­cí­pu­la pre­di­lec­ta, sien­do posi­ble­men­te el más emo­ti­vo —tal y como cuen­ta Joan Ala­ve­dra— el orga­ni­za­do por Pablo Casals en el Metro­po­li­tan de Nue­va York, en el mis­mo esce­na­rio en el que poco tiem­po antes habían estre­na­do jun­tos Goyes­cas. Jun­to a Casals actua­ron Fritz Kreis­ler, Ignacy Jan Pade­rews­ki, María Barrien­tos, Julia Culp y el tenor John McCor­mack. Con toda la audien­cia en pie, Pade­rews­ki inter­pre­tó la Mar­cha fúne­bre de Cho­pin, con las luces del tea­tro apa­ga­das y el esce­na­rio ilu­mi­na­do úni­ca­men­te por un can­de­la­bro colo­ca­do enci­ma del piano. La muer­te sor­pren­dió a Gra­na­dos poco antes de cum­plir 49 años.

En 2010, se encon­tró el borra­dor frag­men­ta­rio de un con­cier­to para piano y orques­ta del com­po­si­tor, lar­ga­men­te per­di­da y res­ca­ta­da por el direc­tor de orques­ta Mela­ni Mes­tre. La recons­truc­ción hipo­té­ti­ca del mis­mo se estre­nó en la Sala Filar­mó­ni­ca de Leó­po­lis, Ucra­nia el 27 de octu­bre de ese año, con Mela­ni Mes­tre al piano, acom­pa­ña­do por la Lviv Symp­hony Orches­tra diri­gi­da por Ale­xis Soriano.[32][33]

Notas[editar]

  1. Según el Regis­tro Civil de Bar­ce­lo­na, y el dia­rio La Dinas­tía de Bar­ce­lo­na.

Referencias[editar]

  1. Carrei­ra, Xoán M. (13 de octu­bre de 2017). El moto­ris­ta de bigo­te afi­la­do. «Bajo la alfom­bra de Enri­que Gra­na­dos». Mundoclasico.com. p. 1. Con­sul­ta­do el 18 de mayo de 2018. 
  2. Carrei­ra, Xoán M. (3 de noviem­bre de 2017). ¿Aca­so Lilia­na y Ondi­na se baña­ban en La Font del Gat?. «Bajo la alfom­bra de Enri­que Gra­na­dos». Mundoclasico.com. p. 4. Con­sul­ta­do el 18 de mayo de 2018. 
  3. a b c d Bali­ñas, Maru­xa; Carrei­ra, Xoán M. (9 de mar­zo de 2018). Las memo­rias de Enri­que Gra­na­dos. «Bajo la alfom­bra de Enri­que Gra­na­dos». Mundoclasico.com. p. 18. Con­sul­ta­do el 18 de mayo de 2018. 
  4. Bali­ñas, Maru­xa (6 de abril de 2018). La pri­me­ra bio­gra­fía de Gra­na­dos. «Bajo la alfom­bra de Enri­que Gra­na­dos». Mundoclasico.com. p. 22. Con­sul­ta­do el 18 de mayo de 2018. 
  5. a b Bali­ñas, Maru­xa (30 de mar­zo de 2018). Preen­ri­que de Ante­gra­na­dos. «Bajo la alfom­bra de Enri­que Gra­na­dos». Mundoclasico.com. p. 21. Con­sul­ta­do el 18 de mayo de 2018. 
  6. Bali­ñas, Maru­xa; Carrei­ra, Xoán M. (13 de abril de 2018). Gra­na­dos estu­dió con Pedrell. Cier­to, ¿pero cuán­do?. «Bajo la alfom­bra de Enri­que Gra­na­dos». Mundoclasico.com. p. 23. Con­sul­ta­do el 18 de mayo de 2018. 
  7. a b Rebés, José María (18 de mayo de 2018). Cuan­do Gra­na­dos se enfa­da­ba. «Bajo la alfom­bra de Enri­que Gra­na­dos». Mundoclasico.com. p. 28. Con­sul­ta­do el 18 de mayo de 2018. 
  8. Carrei­ra, Xoán M. (16 de mar­zo de 2018). El mito de la mise­ria fami­liar de los Gra­na­dos-Cam­pi­ña. «Bajo la alfom­bra de Enri­que Gra­na­dos». Mundoclasico.com. p. 19. Con­sul­ta­do el 18 de mayo de 2018. 
  9. José María Rebés (5 de octu­bre de 2018). «Eduar­do Con­de Gimé­nez». Mundoclasico.com. 
  10. CARREIRA, Xoán M. (28 de sep­tiem­bre de 2018). «La pri­me­ra edi­ción de las Dan­zas espa­ño­las de Gra­na­dos». p. 41, «Bajo la alfom­bra de Enri­que Gra­na­dos», Mundoclasico.com. 
  11. Bali­ñas, Maru­xa (2 de febre­ro de 2018). El debut antes del debut. «Bajo la alfom­bra de Enri­que Gra­na­dos». Mundoclasico.com. p. 13. Con­sul­ta­do el 18 de mayo de 2018. 
  12. Rebés, José María (14 de sep­tiem­bre de 2018). «La fami­lia polí­ti­ca de Enri­que Gra­na­dos». p. 40 «Bajo la alfom­bra de Enri­que Gra­na­dos», Mundoclasico.com. 
  13. Carrei­ra, Xoán M. (23 de febre­ro de 2018). La opo­si­ción de 1896 en Madrid. «Bajo la alfom­bra de Enri­que Gra­na­dos». Mundoclasico.com. p. 16. Con­sul­ta­do el 18 de mayo de 2018. 
  14. Carrei­ra, Xoán M. (1 de diciem­bre de 2017). Se han que­da­do vien­do visio­nes con mi quin­te­to. «Bajo la alfom­bra de Enri­que Gra­na­dos». Mundoclasico.com. p. 8. Con­sul­ta­do el 18 de mayo de 2018. 
  15. Orfeón Cata­lán, ed. (31 de julio de 1892). «Pro­gra­mes de con­cert del Palau de la Músi­ca Cata­la­na». Cen­tro de Docu­men­ta­ción del Orfeón Cata­lán (en cata­lán). Con­sul­ta­do el 27 de julio de 2018. 
  16. Orfeón Cata­lán, ed. (6 de junio de 1893). «L’Orfeó Cata­là té l’honor de invi­tar á Vos­tè á la sego­na pro­va anyal de sos estu­dis». Cen­tro de Docu­men­ta­ción del Orfeón Cata­lán (en cata­lán). Con­sul­ta­do el 27 de julio de 2018. 
  17. Orfeón Cata­lán, ed. (2 de mayo de 1902). «Reci­tal que l’eminent pia­nis­ta en Enrich Gra­na­dos dedi­ca als coris­tas del Orfeó Cata­là» [Reci­tal de Gra­na­dos dedi­ca­do a los coris­tas del Orfeó Cata­là]. Cen­tro de Docu­men­ta­ción del Orfeón Cata­lán (en cata­lán). Con­sul­ta­do el 17 de mayo de 2016. 
  18. Orfeón Cata­lán, ed. (Junio de 1914). «Three Great Spa­nish Con­certs. First Appea­ran­ce in England of the Orfeó Cata­là». Cen­tro de Docu­men­ta­ción del Orfeón Cata­lán. Con­sul­ta­do el 27 de julio de 2018. 
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