Alberto D’Alessandro

por Con­ra­do Lanus­se

Alber­to D’Alessandro, naci­do en Cnel. Prin­gles y radi­ca­do en Bahia Blan­ca, es uno de los gui­ta­rris­tas con más tra­yec­to­ria en la zona. Con­cer­tis­ta de gran nivel, docen­te con mucha voca­ción, se ha per­fec­cio­na­do con nume­ro­sos maes­tros nacio­na­les e inter­na­cio­na­les, a la vez que ha via­ja­do con su gui­ta­rra por el mun­do, dan­do con­cier­tos por muchos paí­ses de Amé­ri­ca y Euro­pa. Mi pri­mer encuen­tro con él fue median­te una invi­ta­ción que reci­bí por par­te de Maria­na Ortiz, pro­fe­so­ra del Con­ser­va­to­rio de Bahía Blan­ca, para par­ti­ci­par en el Fes­ti­val Músi­ca en la Ven­ta­na 2014, que orga­ni­za Alber­to, y en una orques­ta de gui­ta­rras tam­bién diri­gi­da por él, para tocar el Con­cier­to en Do Mayor para man­do­li­na y orques­ta de Vival­di, arre­gla­da para orques­ta de gui­ta­rras, para ser eje­cu­ta­da jun­to con ellos y otros alum­nos y pro­fe­so­res en ese fes­ti­val, y que pos­te­rior­men­te sería toca­da de nue­vo en el Fes­ti­val Puer­tas del Sur.

Así fue que me acer­qué a él y empe­cé a cono­cer su his­to­ria y vir­tu­des como gui­ta­rris­ta, como docen­te y tam­bién como per­so­na, de mucha cali­dez y buen tra­to, siem­pre muy dis­pues­to no sólo a tocar y hacer músi­ca, sino a crear espa­cios don­de los jóve­nes, y los gran­des tam­bién, ten­gan un lugar para tocar, expre­sar­se, y hacer músi­ca con la gui­ta­rra. Esto últi­mo es algo que valo­ré muchí­si­mo, y sabien­do esto fue que lo ele­gí prin­ci­pal­men­te para que, a tra­vés de unas pocas pre­gun­tas que le hice en la coci­na de mi casa, pudie­ra expla­yar sus ideas y volun­ta­des, así como su expe­rien­cia como con­cer­tis­ta y como docen­te, de una mane­ra un tan­to resu­mi­da que pue­da ser útil a todos aque­llos estu­dian­tes de músi­ca que están cons­tru­yen­do un futu­ro en la docen­cia y en la músi­ca para gui­ta­rra. Nues­tro diá­lo­go fue así:

Alber­to, con­ta­me, ¿Cómo cono­cis­te la gui­ta­rra? ¿Cómo te acer­cas­te a ella, o por qué la ele­gis­te?

Fue duran­te mi infan­cia, en Coro­nel Prin­gles, mi pue­blo. Mi mamá can­ta­ba mucho, muchí­si­mo, y muy bien. Ama de casa, se la pasa­ba fre­gan­do y lim­pian­do, lava­ba la ropa a mano, con la tabla, y lus­tra­ba el piso con los pati­nes, y mien­tras hacia todas esas tareas ella se la pasa­ba can­tan­do. Y yo creo que pes­qué la músi­ca por ese lado. Como éra­mos muy humil­des, el ins­tru­men­to más bara­to que se podía con­se­guir en ese momen­to para apren­der músi­ca era la gui­ta­rra. En ese momen­to esta­ban de moda la gui­ta­rra, el piano y el acor­deón, pero el piano y el acor­deón eran muy caros. En reali­dad no recuer­do si me com­pra­ron una gui­ta­rra o si el maes­tro mío, con quien estu­dia­ba, me empe­zó a pres­tar una has­ta que con­se­guí la mía.

¿O sea que no la ele­gis­te direc­ta­men­te por gus­to, sino que lle­gó a vos por otras razo­nes?

Cla­ro, no es más bien que la ele­gí, sino que lle­gó a mí por cues­tio­nes eco­nó­mi­cas.

Y a par­tir de ahí, ¿Cómo fue tu for­ma­ción musi­cal y gui­ta­rrís­ti­ca?

Bueno mi for­ma­ción fue muy ecléc­ti­ca. Mi pri­mer maes­tro fue Car­los Allú en Cnel. Prin­gles, quien fue una mar­ca muy impor­tan­te para mí por­que era un hom­bre increí­ble­men­te cul­to para la épo­ca, más en un pue­blo tan chi­qui­to. El tenía una enor­me sen­si­bi­li­dad para la músi­ca y para dar cla­ses, y fue él quien me trans­mi­tió eso y me ense­ñó a sen­tir la músi­ca. Ade­más de la téc­ni­ca y la inter­pre­ta­ción, la sen­si­bi­li­dad creo que es algo muy difí­cil de obte­ner y de trans­mi­tir, y él me ense­ñó eso.  Cuan­do veía que un alumno tenía apti­tu­des y estu­dia­ba mucho, el se esfor­za­ba muchí­si­mo para poten­ciar todo lo que ese alumno tenía. Y bueno, ese fue el ini­cio. Al pasar a Bahía Blan­ca a los 17 años, empe­cé la carre­ra de Con­ta­dor Públi­co en la Uni­ver­si­dad del Sur. Pero eso era sólo para tener un sos­tén, apar­te de eso yo no tenía dudas de la voca­ción mía para la músi­ca. En reali­dad, vinien­do de un pue­bli­to tan chi­co, yo ni tenía idea de que exis­tía la carre­ra de músi­ca, y eso lo des­cu­brí en Bahía Blan­ca. Pero bueno, prin­ci­pal­men­te, hice muchos cur­sos, y la for­ma­ción mía la hice con muchos pro­fe­so­res hacien­do muchos cur­sos.

Pero, ¿estu­dias­te y te reci­bis­te en el Con­ser­va­to­rio?

No, yo no ten­go nin­gún títu­lo. A mí me lla­ma­ron del Con­ser­va­to­rio en el año 87 por­que no había pro­fe­so­res con títu­lo, y enton­ces me lla­ma­ron a mí para dar cla­ses. Pero aún sin títu­lo, yo estu­dié mucho en dis­tin­tas mate­rias. En gui­ta­rra estu­dié mucho con Miguel Angel Giro­llet, en músi­ca anti­gua y músi­ca con­tem­po­rá­nea; hice un cur­so en Puer­to Ale­gre, en la Facul­tad de Pales­tri­na, don­de esta­ba Jor­ge Mar­tí­nez Zára­te, Alva­ro Pie­rri, Artu­ro Ceba­llos, Enri­que Beloc, entre otros. Tam­bién hice dos cur­sos muy impor­tan­tes en Mon­te­vi­deo con Abel Car­le­va­ro, duran­te dos años segui­dos, para inte­rio­ri­zar­me en la téc­ni­ca de Car­le­va­ro.  Lue­go estu­dié con Manuel López Ramos, un gui­ta­rris­ta mexi­cano, un maes­tro extra­or­di­na­rio que me ense­ñó mucho sobre inter­pre­ta­ción, y tam­bién muchos yei­tes y recur­sos téc­ni­cos que usa­ba Andrés Sego­via, de quien había sido alumno. Tam­bién estu­dié con Rober­to Aus­sel en Fran­cia, y con Leo Brou­wer, con quien hice un cur­so sobre orna­men­ta­ción.

Lue­go hice muchí­si­mos cur­sos en el CRAM, Cen­tro Ricor­di de Ase­so­ra­mien­to Musi­cal, en Bue­nos Aires, sobre peda­go­gía musi­cal, con Susa­na Espi­no­za, Sil­via Mal­brán, Sil­via Fur­nó y otros. Y demás cur­sos que no recuer­do.

Que­ría saber tu opi­nión sobre la for­ma­ción en el Con­ser­va­to­rio de Bahia Blan­ca, apro­ve­chan­do que tra­ba­jas­te ahí, com­pa­rán­do­lo con tu for­ma­ción no ins­ti­tu­cio­nal y con tu expe­rien­cia en el exte­rior ¿Cómo ves la for­ma­ción del gui­ta­rris­ta y del pro­fe­sor de gui­ta­rra en el Con­ser­va­to­rio?

Me intere­sa mucho esa pre­gun­ta a esta altu­ra de mi vida. Creo que pue­do dar una opi­nión intere­san­te ya que he tra­ba­ja­do ahí y he dado semi­na­rios en otros paí­ses y acá en Argen­ti­na tam­bién, en semi­na­rios inter­na­cio­na­les, y he teni­do la opor­tu­ni­dad de ver cómo es la for­ma­ción en Euro­pa y en otros luga­res acá en el país.

Pri­me­ro con­si­de­ro que en el Con­ser­va­to­rio hay una exce­len­te for­ma­ción, una muy bue­na, con pro­fe­so­res muy bue­nos que han hecho su carre­ra con sus títu­los, lo cual les acre­di­ta haber teni­do muchos años  de estu­dio. Pero al plano curri­cu­lar, o al nivel “polí­ti­co”, por lla­mar­le de algu­na mane­ra, me refie­ro al más alto nivel de la currí­cu­la de un Con­ser­va­to­rio, podría decir que hay un con­cep­to un poco enci­clo­pé­di­co de la for­ma­ción, don­de el alumno tie­ne que saber muchas cosas: ins­tru­men­to, armo­nía, prác­ti­ca coral, peda­go­gía en can­ti­dad, de todo, muchas mate­rias; y para mi gus­to, por lo que he vis­to en otros con­ser­va­to­rios, tie­nen una visión muy enci­clo­pé­di­ca. Muy gran­de.

Lo segun­do que quie­ro decir es que se ha como “peda­go­gi­za­do” mucho la carre­ra del Con­ser­va­to­rio, para mi gus­to. Con el tiem­po se ha peda­go­gi­za­do mucho, se fue­ron agre­gan­do muchí­si­mas mate­rias peda­gó­gi­cas, que no está mal, pero, con res­pec­to a eso, me pare­ce que se ha deja­do muy de lado todo lo que se pue­de adqui­rir con la prác­ti­ca empí­ri­ca de la ense­ñan­za y de la eje­cu­ción e inter­pre­ta­ción ins­tru­men­tal. Uno apren­de muchí­si­mo si tie­ne que tocar, tie­ne que resol­ver muchí­si­mos pro­ble­mas, que la mano dere­cha, la mano izquier­da, resol­ver los pasa­jes, la inter­pre­ta­ción, y demás, muchas cosas. Y toda esa cosa empí­ri­ca, de tocar, cuan­do se tra­ba­ja con un alumno, uno vier­te toda esa expe­rien­cia ahí. Enton­ces creo que se ha deja­do muy de lado todo el tema de lo empí­ri­co, de tocar y de hacer expe­rien­cia con el ins­tru­men­to, y se le ha deja­do todo el car­go a la peda­go­gía sola­men­te. La pro­pia ense­ñan­za es una cosa empí­ri­ca: yo he apren­di­do muchí­si­mo dan­do cla­se, a pesar de haber hecho muchí­si­mos cur­sos sobre peda­go­gía musi­cal, y es la prác­ti­ca lo que más herra­mien­tas nos da.

Vol­vien­do a lo pri­me­ro, a lo enci­clo­pé­di­co, ten­go una anéc­do­ta. Yo una vez tenía que tocar con un vio­li­nis­ta, un mucha­cho joven de unos 20 o 21 años que estu­dia­ba en la Jui­lliard School en New York. Tenía­mos que tocar obras de Piaz­zo­lla en el Fes­ti­val Inter­na­cio­nal de Tan­go en Bue­nos Aires, no recuer­do qué año. Y una vez le pre­gun­té qué mate­rias tenia allá don­de estu­dia­ba, y recuer­do que él me dijo que tenía 4 mate­rias: ins­tru­men­to, filo­so­fía, len­gua­je musi­cal, y un idio­ma. Eso, en su momen­to, me dejó hela­do. Pare­ci­do, una vez tam­bién di cla­ses en la Escue­la Esta­tal de Esto­nia, en Tallin, la capi­tal, y ahí tam­bién tie­nen muchí­si­mas menos mate­rias y mucha más prác­ti­ca ins­tru­men­tal. Aun así, creo que hay un muy buen nivel téc­ni­co en el Con­ser­va­to­rio, en cuan­to a lo gui­ta­rrís­ti­co por lo menos, que es lo que yo conoz­co.

Por otro lado, tam­bién creo que hay una cosa muy canó­ni­ca res­pec­to al reper­to­rio. No entran en los pro­gra­mas otros com­po­si­to­res dis­tin­tos a los ya legi­ti­ma­dos por el canon aca­dé­mi­co. Yo recuer­do, por allá en la déca­da del 70 u 80, haber toca­do La Cate­dral de Agus­tín Barrios, y toda­vía no era un com­po­si­tor muy legi­ti­ma­do y no se acep­ta­ba mucho. ¡Agus­tín Barrios! Pasa­ron muchos años para que se acep­ta­ra en el nivel aca­dé­mi­co. Fui el pri­me­ro en tocar las obras de Máxi­mo Pujol. ¡Menos! Por­que era un com­po­si­tor joven, vivo, con­tem­po­rá­neo, que hacia músi­ca moder­na medio roc­ke­ra, medio tan­guea­da. Y así con muchos com­po­si­to­res, que no entran en el canon. Y creo que se están per­dien­do unos exce­len­tes com­po­si­to­res.

Y hablan­do sobre reper­to­rio, ¿Qué es lo que más te intere­sa, o a lo que más apun­tás o reco­men­dás gene­ral­men­te?

Bueno, en el Fes­ti­val Músi­ca en La Ven­ta­na, que se hace todos los años, la pri­me­ra char­la del pri­mer día es siem­pre sobre reper­to­rio, con cola­bo­ra­ción de todos los pro­fe­so­res que vie­nen de afue­ra. Recuer­do el pri­mer fes­ti­val que hice don­de puse como titu­lo a la char­la “El reper­to­rio es uno mis­mo”. Y yo creo que uno cuan­do está hacien­do una carre­ra pro­fe­sio­nal, si bien va hacien­do los con­te­ni­dos que están exi­gi­dos den­tro del pro­gra­ma y demás, uno no tie­ne toda­vía muy en cla­ro que es lo que real­men­te le gus­ta. Yo tar­dé tiem­po en des­cu­brir­lo, encon­trar un reper­to­rio con el que me iden­ti­fi­ca­ra y que sin­tie­ra que iba a tocar mejor. Siem­pre fui un músi­co diver­so, por­que así me ense­ñó mi pri­mer maes­tro, Car­los Allú, en Prin­gles. Yo toca­ba músi­ca popu­lar y músi­ca clá­si­ca al mis­mo tiem­po, sien­do un niño, y no dis­tin­guía entre géne­ros mayo­res y meno­res. Yo toca­ba todo en el mis­mo nivel. Hace poco toqué unas varia­cio­nes de Giu­llia­ni segui­do de una cha­ca­re­ra de Car­do­so y así, y creo que eso es lo mio, lo que yo soy. Creo que uno tar­da en des­cu­brir qué es lo que le que­da como ani­llo al dedo en cuan­to a reper­to­rio. Uno inter­pre­ta y trans­mi­te mejor las obras que mejor sien­te, no impor­ta que sea fácil o difí­cil. Cuan­do uno le da ver­da­de­ra músi­ca a lo que toca, la gen­te reac­cio­na. Y es con el tiem­po que yo fui encon­tran­do lo que mejor sen­tía y mejor inter­pre­ta­ba, y eso era lo que mejor toca­ba. El pro­ble­ma es la iden­ti­fi­ca­ción, y uno se va dan­do cuen­ta con el tiem­po de eso.

Y supon­ga­mos el caso de un estu­dian­te que toda­vía no sabe bien qué es lo que le gus­ta, ¿Cómo lo ayu­da­rías a des­cu­brir­lo?

Bueno yo creo que está bueno que en la for­ma­ción estu­dien dis­tin­tos esti­los y épo­cas. Pero apar­te de lo que está pro­gra­ma­do y esta­ble­ci­do, le sugie­ro que bus­que, per­so­nal­men­te. Que bus­que por los már­ge­nes. Lo esta­ble­ci­do, lo pro­gra­ma­do, es un camino, y está bueno que bus­que por otros cami­ni­tos que hay al cos­ta­do, escon­di­dos. Lo prin­ci­pal que le diría es que no todo está ahí, en el Con­ser­va­to­rio, en los pro­gra­mas. Hay otros con­di­men­tos que están ahí, en los már­ge­nes, afue­ra. No tomar como úni­co lo que estu­dia en la carre­ra.

Toman­do el caso de aquel que se reci­be y tie­ne su títu­lo y com­pa­rán­do­lo con tu caso ¿Has­ta qué pun­to real­men­te uno se “reci­be” de músi­co? ¿La for­ma­ción ter­mi­na con el títu­lo o el estu­dio con­ti­núa?

Bueno con res­pec­to a los títu­los yo he obser­va­do algu­nas cosas. Aho­ra hay toda una cosa con res­pec­to a los títu­los: está el títu­lo, el post títu­lo, el doc­to­ra­do, el magis­ter, etc. Yo me he espe­cia­li­za­do mucho y no ten­go un títu­lo for­mal sobre eso, y creo que está bueno que eso exis­ta, que todo el tra­ba­jo y el esfuer­zo de uno estén refun­da­dos por algún títu­lo. Está bueno por­que es el tra­ba­jo de uno. Des­de otro pun­to de vis­ta se vuel­ve como una maqui­na­ria, don­de uno ter­mi­na un títu­lo y sigue estu­dian­do, y ter­mi­na ese y sigue estu­dian­do para tener otro, y así. Creo que para tocar, para aquel que le gus­ta tocar, no es nece­sa­rio tan­to títu­lo. Lo que quie­ro decir es que la for­ma­li­dad del títu­lo está bue­na para algu­nas cosas, pero pue­den no ser­vir tan­to para otras, como por ejem­plo la prác­ti­ca de tocar. Para el que le gus­ta tocar no es nece­sa­rio tan­to títu­lo, por­que uno pue­de saber mucho más con un títu­lo, pero para tocar vale la inter­pre­ta­ción, y eso está muy den­tro de cada uno y no sé si hay títu­lo para eso.

Con res­pec­to al egre­sa­do de músi­ca ¿Cuál crees que es su sali­da pro­fe­sio­nal? ¿La docen­cia, el esce­na­rio, cuál sería?

Muchas veces me ha toca­do esa res­pon­sa­bi­li­dad como pro­fe­sor de expli­car los por­me­no­res de la carre­ra for­mal de músi­ca. No para des­alen­tar­los, sino para dar­les una visión de la reali­dad. Yo les digo que no crean que por­que les gus­ta tocar mucho tocar la gui­ta­rra, al hacer una carre­ra en el Con­ser­va­to­rio van a estar todo el día tocan­do la gui­ta­rra. Son muchas mate­rias, es una carre­ra difí­cil, y capaz que lo que uno desea ínti­ma­men­te lo pue­de hacer solo en un míni­mo de tiem­po dis­po­ni­ble, y el res­to del tiem­po lo tie­ne que dedi­car a otras cosas, a com­ple­tar su for­ma­ción.  Aquel que deci­de estu­diar un pro­fe­so­ra­do en gui­ta­rra por­que le gus­ta mucho el ins­tru­men­to, tam­bién tie­ne que pen­sar que le tie­ne que gus­tar dar cla­se, por­que el títu­lo es para eso. A mí me encan­ta tocar y dar cla­se. Pero hay gen­te que hace la carre­ra por­que le encan­ta dar con­cier­tos, pero la sali­da eco­nó­mi­ca prin­ci­pal es la docen­cia. La sali­da de con­cer­tis­ta, de tocar, es muy aza­ro­sa. Es muy difí­cil con­se­guir actua­cio­nes, es difí­cil que le paguen a uno por eso, y aún en ese caso es difí­cil vivir de eso. Yo creo que eso hay que com­ple­men­tar­lo con el tra­ba­jo de pro­fe­sor. Uno lue­go pue­de for­mar un trío, un cuar­te­to, una ban­da, lo que sea, y sacar un extra, y bus­car un equi­li­brio e ir com­pen­san­do las dos cosas. Lo de actuar, ade­más de lo aza­ro­so, es que ahí no hay jubi­la­ción, ni obra social, etc. Dan­do cla­ses for­mal­men­te uno está más pro­te­gi­do. Esa es la reali­dad que tra­to de hacer­le ver a la gen­te que se quie­re dedi­car a esto.

Cam­bian­do de tema, con­ta­me tu expe­rien­cia con la músi­ca de cáma­ra.

Bueno yo he toca­do muchí­si­ma músi­ca de cáma­ra. Creo que debo ser una de las per­so­nas que más ha toca­do con orques­ta acá en Argen­ti­na. Siem­pre he toca­do con cuar­te­tos de gui­ta­rras, y tam­bién he toca­do mucho con cuar­te­to de cuer­das fro­ta­das, con los que ten­go varios dis­cos. Pero sobre­to­do, toda la vida he hecho orques­ta de gui­ta­rra. Pero orques­ta gene­ral­men­te ama­teur, aun­que últi­ma­men­te hemos toca­do con una orques­ta más pro­fe­sio­nal, como con la que hici­mos el Con­cier­to en Do mayor de Vival­di en el Fes­ti­val Puer­tas del Sur. Pero la orques­ta ama­teur la he tra­ba­ja­do toda la vida, des­de hace 30 años ¿Por qué? Por­que como la gui­ta­rra es un ins­tru­men­to tan difí­cil para tocar como solis­ta, a veces había que espe­rar que un alumno de cien pudie­ra tocar una pie­za, andá a saber cada cuán­to. Enton­ces deci­dí hacer arre­glos don­de cada uno toque pocas notas y en el gru­po se com­ple­te la pie­za, y poder tener la viven­cia de hacer escu­char una obra, for­man­do par­te de una orques­ta aun­que uno sepa muy poqui­to.

La orques­ta de gui­ta­rras para mí tie­ne muchos ingre­dien­tes. Uno de los ingre­dien­tes es el hecho de hacer músi­ca inme­dia­ta en públi­co. Otro es, des­de el pun­to de vis­ta téc­ni­co, que la gui­ta­rra es muy solis­ta, se ban­ca por sí sola, y el hecho de escu­char otras melo­días, otras voces, y ver cómo van ensam­blán­do­se entre sí, jugan­do armó­ni­ca­men­te, tie­ne una for­ma­ción del oído mucho más com­ple­men­ta­ria que si se tra­ba­ja solo. El escu­char a otro es otro tipo de oído. Des­de otro pun­to de vis­ta, por ejem­plo des­de lo acti­tu­di­nal, podría decir que con­for­mar un colec­ti­vo impli­ca escu­char, sen­tir, ver la pre­sen­cia de otro, un otro con otra alte­ri­dad y otra his­to­ria. Enton­ces, en un mun­do don­de la marea te lle­va hacia el camino del indi­vi­dua­lis­mo, del méri­to per­so­nal, don­de el éxi­to es el dine­ro o la fama… es una cues­tión muy poco soli­da­ria don­de uno no ve al otro, se ve a sí mis­mo. La prác­ti­ca espe­cí­fi­ca de la orques­ta de gui­ta­rras es eso, hacer algo con otras per­so­nas, poner­se de acuer­do con ellas, y eso impli­ca res­pe­tar al otro, res­pe­tar sus códi­gos, su for­ma de ser, de inter­pre­tar, de tocar, escu­char­lo, y tie­ne una cosa afec­ti­va muy intere­san­te. Creo que la feli­ci­dad es mayor cuan­do es colec­ti­va. La ale­gría es mayor, el dis­fru­te es mayor, el goce es mayor cuan­do se hace en for­ma colec­ti­va. Por esto yo le doy un valor más amplio a la prác­ti­ca colec­ti­va en gui­ta­rra.

Yo per­so­nal­men­te ya estoy can­sa­do de tocar solo. Es mucha pre­sión, mucha res­pon­sa­bi­li­dad. Y cuan­do ten­go que tocar con otra per­so­na, con un cuar­te­to, más aun con una orques­ta de gui­ta­rras, es como que digo “Ah… qué ali­vio, qué lin­do es tocar con otros”, y librar­me de esa car­ga de estar solo y car­gar con toda la pre­sión. Com­par­tir la músi­ca con otro es muy lin­do. Y cuan­do hay una rela­ción afec­ti­va, de amis­tad con el otro, has­ta la músi­ca sale mucho mejor.

Con­ta­me ¿Qué es el esce­na­rio para vos? ¿Cómo te sen­tís ahí?

El esce­na­rio siem­pre fue un pun­to de con­flic­to para mí. Des­de los 14 años que di mi pri­mer con­cier­to, siem­pre fue una prue­ba de ner­vios por­que siem­pre me puse muy ner­vio­so. Has­ta el día de hoy que me pon­go muy ner­vio­so. Es una prue­ba en públi­co que depen­dien­do del día que te toca te pue­de salir bien o mal, más en un ins­tru­men­to tan imper­fec­to como la gui­ta­rra que es ideal para equi­vo­car­se. Pero, a su vez, uno se mete tan­to en la pie­za que toca, que sien­te nece­si­dad de trans­mi­tir­la a otro. Enton­ces ahí hay un con­flic­to: por un lado la nece­si­dad de trans­mi­tir­le al otro y por otro esa situa­ción ten­sa de ner­vios. Eso es en mi caso, he vis­to otros gui­ta­rris­tas que no se les mue­ve nada, que tocan con total tran­qui­li­dad y natu­ra­li­dad, como si estu­vie­ran tocan­do en la casa. Yo siem­pre sen­tí tan­to la inter­pre­ta­ción de las pie­zas que digo “esto ten­go que hacér­se­lo sen­tir a alguien”. Y sen­tir, sola­men­te sen­tir, no demos­trar la supe­rio­ri­dad en nada. Sim­ple­men­te hacer­la sen­tir a cual­quie­ra, a la gen­te común, a todo el mun­do. La músi­ca está para eso, sino para qué estu­dia­mos si no le pode­mos hacer sen­tir nada al otro.

Que­ría hacer hin­ca­pié en este tema de los ner­vios y el esce­na­rio, sien­do un pro­ble­ma muy común entre los estu­dian­tes ¿Cómo los com­ba­tís o qué le suge­rís a alguien para com­ba­tir­lo?

Siem­pre hay pre­dis­po­si­cio­nes natu­ra­les que favo­re­cen a algu­nos y des­fa­vo­re­cen a otros. En mi caso, yo siem­pre hice mucho la prác­ti­ca del role pla­ying. Lue­go de saber las pie­zas, de cono­cer­las bien y tener­las pre­pa­ra­das, hago un role pla­ying. Por ejem­plo: entro a la coci­na de mi casa y simu­lo que estoy don­de voy a tocar, como si hubie­ra públi­co, y me con­cen­tro tan­to como si estu­vie­ra en el tea­tro; entro por el lado dere­cho, salu­do, me sien­to en la silla, toco todo el reper­to­rio de prin­ci­pio a fin, como sal­ga, me levan­to, salu­do, agra­dez­co y me reti­ro. Lue­go de hacer este role pla­ying, ana­li­zo en qué cosas me equi­vo­qué y tra­ba­jo sobre eso. Al otro día, hago lo mis­mo, y así varias veces. Pero real­men­te hago un role pla­ying, me con­cen­tro tan­to que estoy ner­vio­so y me tiem­bla la mano como si estu­vie­ra en públi­co, de tal mane­ra que cuan­do lle­ga el momen­to del con­cier­to ese momen­to ya lo viví varias veces. Lo más impor­tan­te es el trai­ning. Cuan­do ten­go que tocar un con­cier­to tres o cua­tro veces, la segun­da vez sale mejor, la ter­ce­ra mejor y la cuar­ta mejor aún. Es el trai­ning lo pri­mor­dial, no estar tan­to tiem­po sin tocar, sino cuan­do está mucho tiem­po sin tocar los ner­vios y la inse­gu­ri­dad vuel­ven. Pero cuan­do te codeás con el mons­truo día a día dejás de tener­le mie­do,  y le hablás como si fue­ra un cono­ci­do en la coci­na. Y des­pués, fun­da­men­tal, no dejar nada libra­do al azar: todos los movi­mien­tos que hace la mano dere­cha y la mano izquier­da, cono­cer­los, saber qué estoy hacien­do, tomar cons­cien­cia de todo lo que hago, y que no sea una eje­cu­ción auto­ma­ti­za­da.

Como ya hablas­te mucho y para ir cerran­do, deci­me ¿Por qué le reco­men­da­rías la gui­ta­rra a alguien?

Yo no reco­men­da­ría direc­ta­men­te la gui­ta­rra. Le diría que eli­ja el ins­tru­men­to que quie­ra, que le apa­sio­ne, con el que se sien­ta iden­ti­fi­ca­do. Por ejem­plo, en mi caso no fue una elec­ción. Yo si hoy tuvie­ra que ele­gir, ele­gi­ría el piano. No me alcan­za la gui­ta­rra para expre­sar­me. El piano me pare­ce que lo podría apo­rrear un poqui­to más que la gui­ta­rra, que ya la apo­rreo bas­tan­te. Yo diría que cada uno, si le gus­ta la músi­ca, que prue­be el ins­tru­men­to, a ver cuál es el que le cae mejor. Y que eli­ja un ins­tru­men­to si es que le hace sen­tir algo. Si no sien­te nada… no. Si sien­te algo, bueno, es un lin­do camino para reco­rrer. Y el ins­tru­men­to no tie­ne por qué ser uno musi­cal. Su ins­tru­men­to pue­de ser su voz, su cuer­po para la dan­za. Su ins­tru­men­to pue­de ser el cine, las manos para la pin­tu­ra. Todo lo que sea acti­vi­da­des de expre­sión artís­ti­ca es un buen camino para desa­rro­llar lo que uno sien­te.


 

Los futu­ros pro­yec­tos de Alber­to están col­ma­dos de actua­cio­nes, gra­ba­cio­nes de CDs y edi­cio­nes de libros de par­ti­tu­ras. Pero sobre todo pla­nea seguir ade­lan­te con los fes­ti­va­les de gui­ta­rra y con los pro­yec­tos de orques­tas de gui­ta­rra. Ésta últi­ma es una de las prin­ci­pa­les ideas que qui­se des­ta­car a tra­vés de esta entre­vis­ta: el valor social de la músi­ca a tra­vés de la prác­ti­ca con­jun­ta. Apar­te de toda su carre­ra como gui­ta­rris­ta, creo que una de las cosas que mejor ha logra­do Alber­to es ésta, unir a la gen­te a tra­vés de una pasión en común como lo es la gui­ta­rra, y creo que su ejem­plo es digno de ser segui­do y comen­ta­do. Creo que lo mejor que pode­mos hacer es tra­tar de par­ti­ci­par y cola­bo­rar en esto. Tocar jun­tos, com­par­tir, opi­nar, res­pe­tar. Últi­ma­men­te, y esto lo digo dejan­do de lado lo musi­cal, creo que esta­mos vivien­do un país don­de las dife­ren­cias socia­les se agu­di­zan cada vez más, don­de el res­pe­to al otro que­da tapa­do por la arro­gan­cia y la nece­dad, don­de el bien pro­pio vale más que el bien­es­tar común. Tocar para uno mis­mo está bueno. Tocar a mi mane­ra, sin dejar­se lle­var por las opi­nio­nes de otros, tam­bién está bueno. Que exis­ta alguien que escu­che y se emo­cio­ne con eso, está mejor aún. Pero a veces, lo que nos está fal­tan­do es sen­tar­nos uno al lado del otro, inter­cam­biar opi­nio­nes, escu­char­nos, res­pe­tar­nos, bus­car cosas en común y tra­tar de cons­truir una obra mara­vi­llo­sa jun­tos. Y que la gen­te vea que exis­te un gru­po de per­so­nas, dife­ren­tes entre sí, que son capa­ces de reunir­se y de dejar sus dife­ren­cias de lado para cons­truir algo mayor, de bien común, para com­par­tir­lo con todo el mun­do, eso, está bue­ní­si­mo.